Para que yo me enganche a una serie no es que haga falta mucho. Qué demonios, si después de ocho temporadas todavía veo esa tontería llamada Smallville (al que servidor rebautizaría como "Smallville 90210: Sensación de volar"). Aunque en mi defensa (o tal vez no), he de decir que el hecho de que en la serie actúen las guapísimas Erica Durance (Lois Lane) y Cassidy Freeman (Tess Mercer) ayuda bastante. Que los productores no son tontos y un servidor tampoco.
Hecha la advertencia, ahora es cuando admito que estoy total, completa y absolutamente enamorado de "True Blood", la nueva serie de Alan Ball (guionista de "American Beauty" y creador de "A dos metros bajo tierra", esa multipremiada serie que todos parecen adorar, pero a la que yo nunca terminé de verle la gracia, me declaro culpable de herejía), cuya primera temporada acaba de finalizar en los estates y empezar aquí, vía Canal Plus.Y ahora llega el aviso para navegantes. Porque "True Blood" es una de esas series que amas o que odias. O que, como alguien digo, odias amar. Verán, existen proyectos que, sobre el papel, tienen una premisa muy interesante, pero que a la hora de la verdad resultan fallidos (me viene a la cabeza la película de Gondry "Rebobina por favor", que partía de una idea tan original como la de que dos empleados de un videoclub que accidentalmente borran todas las películas del mismo tienen que rodar de nuevo los grandes clásicos, reinterpretándolos a su modo, pero cuyo resultado final es tan insípido como poco afortunado). Pues aquí ocurre ciertamente lo contrario.
Porque si yo les digo que "True Blood" va de una camarera virgen que puede leer mentes y que se enamora de un vampiro, ante la oposición de sus amigos y vecinos (y del resto de la comunidad vampírica, ya puestos), pues no, como que no suena muy bien. Es más, la verdad es que más bien parece una novelita rosa. Que es exactamente como podría describirse la serie de novelas de Charlaine Harris en las que se basa "True Blood", y que confieso que no fui capaz de pasar de la página 10 del primer libro, ante lo espantoso que era.

Pero cuando ves "True Blood", te das cuenta de lo inteligente que ha sido Alan Ball a la hora de adaptar un material tan...peculiar, por llamarlo de algún modo. Porque en la serie sigue estando la camarera que lee mentes, y vampiros cuya existencia es pública, y una comunidad poco tolerante. Y todo se mezcla con una investigación por asesinato, y exorcismos, y seres de la noche, y traficantes de sangre de vampiro, política...y por encima de todo, una historia muy costumbrista, muy sureña, muy pausada. Un coctail realmente extraño, pero que cuando se agita, resulta que, para nuestra sorpresa, es altamente adictivo.
"True Blood" es una muy buena mala serie. Como dice mi amiga Bea, parece un producto ochentero y actual al mismo tiempo. Tiene momentos muy sonrojantes, pero los alterna con otros de una gran brillantez. Sus personajes son vulgares y estúpidos (como Sookie, la protagonista, interpretada por la gran - y no es coña - Anna Paquin) pero a su vez resultan entrañables. Y como ocurre casi siempre, los secundarios se convierten en lo mejor de la función (el detective Andy Bellaflour, Jason, Arlene y, por encima de todo, el genial cocinero Lafayette)Eso sí: jamás, bajo ningún concepto, debe verse esta serie en su - horripilante - versión doblada. NUNCA. No. Ni se les ocurra. Ni hablar.Porque gran parte de la gracia está en el acento de sus protagonistas, en su forma de hablar, en la cadencia de sus palabras (algo que, en la versión doblada - y admitiendo que España tiene los mejores dobladores del mundo entero - se pasan por el forro). Y perderse eso es un crimen casi tan grande como pasar de la serie y preferir ese engendro que triunfa en los cines y que responde al nombre de "Crepúsculo".

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