martes, diciembre 16, 2008

EMOCIÓN NAVIDEÑA

Acabo de llegar a casa, de ver la obra de navidad del colegio de mis sobrinas (primitas técnicamente, sobrinas a todos los efectos) y todavía estoy visiblemente emocionado. Quiero decir, me esperaba la encerrona, pero aún así...

Les cuento. Mi tía es profesora de primaria, y desde hace ya unos cuantos años (cuatro, cinco... mi memoria de pez me impide ser más preciso) soy el encargado de escribir la obra de navidad de su colegio, genialmente interpretada cada diciembre por las alumnas y alumnos de segundo curso. Lo hago por muchos motivos. El primero, que me lo piden. Y quienes me conocen saben que soy incapaz de decir que no en estos casos (una obra navideña, un corto, un relato... si alguien se muestra interesado en lo que pueda salir de mi dañado cerebro, no puedo negarme)

En segundo lugar, porque, como les digo, mi tía es profesora del colegio. Y además tiene muy mala leche, así que como para decirle que no. Y por último, y no menos importante, porque mis tres sobrinas estudian en el colegio, y esto me permite escribir personajes específicos para ellas (vale, en el colegio hay cierto nepotismo, y las dos mayores han sido protagonistas de sus respectiva obras. Aunque les juro que ambas han dado la talla. Y dentro de tres años le toca a la pequeña, así que intuyo que mi colaboración con estas obras está lejos de haber llegado a su fin)

Pero, por encima de todo, escribo porque disfruto haciéndolo y porque disfruto aún más viendo a los niños interpretando mis obras. Aunque sean tan complejas y extrañas como la de hoy.

Quiero decir, son niños. Niños de siete años. No actores profesionales, ni siquiera amateurs. Son niños pequeños. Pero qué quieren que les diga, a mí siempre me ha tirado lo del más difícil todavía. Y si el colegio se conforma con una obra normalita, yo me estrujo la cabeza para hacer una comedia llena de gags y en la que hablan hasta ¡45 personajes distintos! Una obra que incluye dos niños Jesús, seis Reyes Magos, confusiones, entradas y salidas de escena vertiginosas... una locura, vamos. Pero qué locura más divertida.

Así que sí, mientras veía la obra, junto al resto de los padres, me di cuenta de que se trataba de una obra demasiado larga (Casi tres cuartos de hora. E insisto, interpretada por niños de 7 años). Y admito que escribir diálogos rápidos y réplicas ingeniosas entre decenas de personajes cuando sólo hay tres micrófonos quizás no fuera la mejor idea. Pero con todo, me ha encantado el resultado.

Lógicamente hay niños que lo hacen mejor y otros no tan bien (mi sobrina Raquel, por cierto, ha estado soberbia. Pero qué voy a decir yo...) Algunos de los gags conservan su gracia y otros pierden totalmente su sentido. Y así podría seguir, hablando de virtudes y defectos. Pero me quedo con que los padres parecen haberlo pasado bien - como mínimo se trata de un espectáculo...diferente a la clásica obra navideña que seguro que todos han tenido que tragarse más de una vez - y que los niños sonreían y se les veía felices. De corazón, espero que se hayan divertido. Porque eso es lo que importa. Para eso escribo para 45 personajes. Para que cada niño tenga algo que decir y no sea un maldito objeto decorativo (¿nunca les tocó hacer de árbol o algo similar en una obra escolar? ¿No lo odiaban?)

Claro que al final, como me temía, ha llegado el momento de pasar el mal trago. Me refiero a que, a pesar de lo mucho que lo odio, me han vuelto a nombrar, como siempre. Y me han hecho salir al escenario a saludar, lo que es una novedad - y no precisamente agradable -. Algunos lo creerán, otros no, pero soy una persona extremadamente tímida. Ante una cámara, puedo hacer el payaso como más. En un escenario, haré lo que sea necesario. Pero saludar a una multitud que te aplaude sólo porque has escrito una pequeña obrita...es demasiado para mí, que he terminado, como era previsible, rojo como un tomate.

Y esta es la historia. El año que viene mi tía se jubila, y ninguna de mis niñas estará en la obra de navidad. Pero si me lo piden, por supuesto que intentaré volver a sorprender con alguna otra locura. Porque momentos como los de hoy no abundan. La felicidad, en boca de unos críos saladísimos que lo han dado todo en un escenario.

PD: Creo que es evidente, pero si alguien se lo pregunta, las tres preciosidades de la foto son mis sobrinas.

domingo, diciembre 14, 2008

VAMPIRIZADO POR TRUE BLOOD

Para que yo me enganche a una serie no es que haga falta mucho. Qué demonios, si después de ocho temporadas todavía veo esa tontería llamada Smallville (al que servidor rebautizaría como "Smallville 90210: Sensación de volar"). Aunque en mi defensa (o tal vez no), he de decir que el hecho de que en la serie actúen las guapísimas Erica Durance (Lois Lane) y Cassidy Freeman (Tess Mercer) ayuda bastante. Que los productores no son tontos y un servidor tampoco.

Hecha la advertencia, ahora es cuando admito que estoy total, completa y absolutamente enamorado de "True Blood", la nueva serie de Alan Ball (guionista de "American Beauty" y creador de "A dos metros bajo tierra", esa multipremiada serie que todos parecen adorar, pero a la que yo nunca terminé de verle la gracia, me declaro culpable de herejía), cuya primera temporada acaba de finalizar en los estates y empezar aquí, vía Canal Plus.


Y ahora llega el aviso para navegantes. Porque "True Blood" es una de esas series que amas o que odias. O que, como alguien digo, odias amar. Verán, existen proyectos que, sobre el papel, tienen una premisa muy interesante, pero que a la hora de la verdad resultan fallidos (me viene a la cabeza la película de Gondry "Rebobina por favor", que partía de una idea tan original como la de que dos empleados de un videoclub que accidentalmente borran todas las películas del mismo tienen que rodar de nuevo los grandes clásicos, reinterpretándolos a su modo, pero cuyo resultado final es tan insípido como poco afortunado). Pues aquí ocurre ciertamente lo contrario.


Porque si yo les digo que "True Blood" va de una camarera virgen que puede leer mentes y que se enamora de un vampiro, ante la oposición de sus amigos y vecinos (y del resto de la comunidad vampírica, ya puestos), pues no, como que no suena muy bien. Es más, la verdad es que más bien parece una novelita rosa. Que es exactamente como podría describirse la serie de novelas de Charlaine Harris en las que se basa "True Blood", y que confieso que no fui capaz de pasar de la página 10 del primer libro, ante lo espantoso que era.




Pero cuando ves "True Blood", te das cuenta de lo inteligente que ha sido Alan Ball a la hora de adaptar un material tan...peculiar, por llamarlo de algún modo. Porque en la serie sigue estando la camarera que lee mentes, y vampiros cuya existencia es pública, y una comunidad poco tolerante. Y todo se mezcla con una investigación por asesinato, y exorcismos, y seres de la noche, y traficantes de sangre de vampiro, política...y por encima de todo, una historia muy costumbrista, muy sureña, muy pausada. Un coctail realmente extraño, pero que cuando se agita, resulta que, para nuestra sorpresa, es altamente adictivo.

"True Blood" es una muy buena mala serie. Como dice mi amiga Bea, parece un producto ochentero y actual al mismo tiempo. Tiene momentos muy sonrojantes, pero los alterna con otros de una gran brillantez. Sus personajes son vulgares y estúpidos (como Sookie, la protagonista, interpretada por la gran - y no es coña - Anna Paquin) pero a su vez resultan entrañables. Y como ocurre casi siempre, los secundarios se convierten en lo mejor de la función (el detective Andy Bellaflour, Jason, Arlene y, por encima de todo, el genial cocinero Lafayette)

Eso sí: jamás, bajo ningún concepto, debe verse esta serie en su - horripilante - versión doblada. NUNCA. No. Ni se les ocurra. Ni hablar.Porque gran parte de la gracia está en el acento de sus protagonistas, en su forma de hablar, en la cadencia de sus palabras (algo que, en la versión doblada - y admitiendo que España tiene los mejores dobladores del mundo entero - se pasan por el forro). Y perderse eso es un crimen casi tan grande como pasar de la serie y preferir ese engendro que triunfa en los cines y que responde al nombre de "Crepúsculo".



ERRÁTICO

Iba a comenzar el post comentando esa perogrullada de que todo en la vida es relativo, pero mejor me dejo de tonterías y admito abiertamente que soy un desastre y un vago. Tal que así.

14 meses. Es el tiempo que ha pasado desde la última vez que escribí en este blog, que en teoría iba a actualizar diariamente. 14 meses, que se dice pronto. Hombre, si lo comparamos con el tiempo que le está llevando a James Cameron terminar su nueva película, "Avatar" (que tiene que ser la leche, por favor por favor que lo sea) o lo que tarda Madureira en completar una página (ya no hablemos de un comic completo, que todavía recuerdo el cachondeo de cuando canceló Battlechasers porque el nuevo subargumento le iba a obligar a hacer como mínimo ¡dos números más!), pues entonces escapo. Pero siendo objetivos...pues no, no tengo perdón de Dios.

Lo más divertido del caso es que antes del parón sólo había escrito... una entrada.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Yo, como príncipe de los torpes, soy capaz de hacerlo tres, cuatro, diez, cien y las veces que haga falta. Por eso vuelvo a la carga, con la misma ilusión de obligarme a escribir unas pocas líneas cada día. Para hablar de cine, de comics, de la tele, de mis proyectos, de la vida...de lo que se tercie. A ver cuánto aguanto esta vez.

Ya saben: la ópera no acaba hasta que canta la señora gorda